Hartita de mí, o cuando ni el autoconocimiento descansa

Una reflexión sobre el cansancio de mirarse demasiado y la necesidad de descansar también de uno mismo.

Sobre el cansancio de mirarse demasiado

Muy pero que muy hartita de mí estoy.

Esto del crecimiento personal está muy bien.

Pero cansa.

Cansa mucho.

Llega un momento en el que todo pasa por mirarse.

Por entenderse.
Por revisarse.
Por mejorar.

Y una se agota.

Cada día es una fiesta.

Día internacional de me acuerdo de aquello del colegio.
Semana de la irritabilidad.
Mes de no duermo bien.
Jueves de no a todo.

Hoy me observo.
Mañana me cuido.
Pasado me descuido.

Y así.

Entre trabajarme… y cansarme de trabajarme.

¿Hay alguien ahí?

¿Hola?

Silencio.

¿Cuántas veces te llamas y no te encuentras?

Somos bastante buenos desapareciendo.

Negando.
Evitando.
Huyendo.

Porque no siempre puedes.

No siempre quieres.

No siempre sabes.

Y eso también debería poder ser.

Nos han vendido que conocerse es la solución.

Y lo es, a veces.

Pero otras…

otras simplemente cansa.

Porque no siempre gusta lo que aparece.

Porque la imagen que tenemos de nosotros mismos no siempre coincide con la realidad.

“Soy muy empática”.
Y resulta que no tanto.

“Manejo bien la incertidumbre”.
Bueno… a ratos.

Y cuando eso aparece, hay que colocarlo.

Y no siempre apetece.

A veces una se harta.

Se deja.

Se manda a paseo un rato.

Y, curiosamente, ahí también pasa algo.

Porque cuando dejas de exigirte tanto, aparece un poco de aire.

Un poco de espacio.

No mucho.

Pero suficiente.

Quizá no se trata de estar todo el tiempo revisándose.

Ni de mejorar sin descanso.

Sino de poder parar.

Incluso de uno mismo.

Aunque mañana vuelvas a lo mismo.


A veces también necesitamos descansar de nosotros.

Si lo necesitas, puedes escribirme.