Planchar no es «ayudar» (ni cosa de hombres)

Reflexiones sobre corresponsabilidad, pareja y lo que seguimos dando por hecho en la vida doméstica.

Reflexiones sobre corresponsabilidad, pareja y lo que seguimos dando por hecho.

Suertudas las mujeres que tienen en su vida hombres que planchan.

Porque planchar, al parecer, es cosa de hombres.

¿O no?

¿Tienen género las tareas del hogar?

Porque si hacemos caso a ciertos discursos —todavía muy vivos—, parecería que sí.

Que hay cosas de hombres, cosas de mujeres y, entre medias, poco espacio para cuestionarlo.

A mí se me ponen los pelos como escarpias cuando me dicen la suerte que tengo porque mi pareja plancha.

Pero la piloerección alcanza otro nivel cuando añaden:

«Y además te ayuda.»

¿Ayudar?

Cuando llegas a casa después de trabajar, te cambias, te duchas…

y tu pareja —que ha llegado al mismo tiempo— está con la cena, los niños, la casa.

Ya. Me hago una idea.

Porque igual el problema no es quién plancha.

Igual el problema es que seguimos pensando que alguien «ayuda» en una casa que también es suya.

Nos han enseñado —sin decirlo del todo— que lo doméstico tiene dueño.

Y que cuando alguien se sale de ese guion, merece reconocimiento.

Aplauso.
Gratitud.

Pero no.

No es ayuda.
No es colaboración puntual.
No es un gesto bonito.

Es corresponsabilidad.

Y quizá crecer también tenga que ver con esto:

Con dejar de agradecer lo que debería estar repartido.
Con revisar lo que damos por hecho.
Con incomodarnos un poco cuando algo «de siempre» empieza a no encajar.

Así que no, planchar no es cosa de hombres.

Ni de mujeres.

Pero si has llegado hasta aquí pensando que sí…

igual merece la pena volver a mirarlo.

A veces lo que nos incomoda es precisamente lo que merece ser pensado.
Si lo necesitas, puedes escribirme.

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