ROSALÍA, A MIS 59 AÑOS

Las emociones no avisan

A mis 59 años todavía hay cosas que consiguen sorprenderme.

Una de ellas fue un concierto de Rosalía.

La muchachita del Malquerer ha crecido. Mucho. Cómo canta, cómo baila, cómo consigue que, a mis 59 años, se me salten las lágrimas.

Y no me avergüenza nada.

¿Y tú, te lo permites?

¿Qué haces con las emociones no expresadas? ¿Dónde va lo que no se muestra, lo que no se dice?

Quizá siguen ahí, esperando el momento de hacerse presentes.

Vas contenida al concierto, alérgica, un viernes de Semana Santa, y de repente una lágrima se hace fuerte, sortea todos los obstáculos y te barre la cara.

Tu hija te coge la mano. Miras a tu bebé de casi 25 años y tiras de recursos para no llorar. Pero, ¿Qué pasa si lo haces?

Nada. Eso es transitar la emoción, sentirla, vivirla, no pelearte con ella. La música puede generar y despertar sensaciones no previstas.

Recogí la lágrima, una de cada ojo. Apreté la mano de mi hija e internamente practiqué la gratitud.

Emocionarse debería ser obligatorio. No estar penalizado. Y no tiene que pedir permiso para presentarse. Son como los fantasmas, ¿avisan o te los encuentras?

Todos tenemos en nuestro trastero emocional, en esa rebotica que habita la psique, fantasmas. Hay que escucharlos, hay que sentarlos y tomar un té con ellos. A veces son ruidosos y cuesta hacerse con ellos, pero no son malos. Se pueden trabajar.