Cuando sabes que algo no va bien, y no consigues ponerle palabras
Llevo varios días, o semanas, o incluso meses, que no sé qué me pasa, pero no estoy bien.
No me duele especialmente nada.
No tengo problemas muy gordos en este momento.
Mi pareja no ha cambiado.
El trabajo, sin más.
Mis amigos, como siempre, organizando, enredando.
Y desorganizando.
Pero yo no sé qué me pasa.
Y no estoy bien.
Pero tampoco estoy mal.
Sé que la gente va al psicólogo.
¿Y yo?
He bicheado algo por Internet.
Incluso le he dicho a la IA que tengo una amiga que no está bien.
Me cuesta ponerle palabras.
Me imagino sentada en algún sitio, o tumbada en un diván, o por videollamada diciendo: «No sé qué me pasa, pero no estoy bien».
¿Y si me pregunta desde cuándo?
Pues tampoco lo sé.
Me he comprado un par de libros.
De esos que tienen muchas ventas.
Los vi en TikTok.
Para ser de autoayuda, no me han ayudado.
Dicen que si estoy así es porque quiero.
Que viva el presente.
Que no me apegue a las cosas.
Que aprenda a soltar.
Que le diga a mi cabeza que pare.
Pues ya lo he hecho.
Y no ha servido de nada.
Puedo soltar algo que esté caliente.
Incluso estar en el día a día y no anticiparme mucho.
Pero en cuanto me despisto, se cuela.
Busco, analizo, pienso y no encuentro.
Mi pareja me dice que me ve más callada.
Y es verdad.
Mi madre me dice que me ve más flacucha.
Y también.
Mis amigos me dicen que ya no hago fotos en los viajes.
Y no me apetece ni sacar el móvil del bolsillo.
Voy en piloto automático.
Eso lo leí en uno de los libros.
Ayer Nuria, la amiga de la IA, me dijo entre avergonzada y orgullosa que había ido al psicólogo.
Llevaba pocas sesiones y, aunque todavía no se sentía bien, yo la vi mejor.
Nunca le dije nada, pero la relación con su pareja era fea, muy fea.
Como mucho me atreví a decirle: «No te veo bien desde que estás con Mario».
Se enfadó, estuvo varios días sin hablarme y luego volvió como si no hubiera pasado nada.
¿Y yo?
Sé que lo mío no es lo de Nuria.
Tampoco es el trabajo.
Soy yo.
Me quedé pensando en lo de ir al psicólogo.
No lo veo hoy.
Pero sí ayer.
Me dijo que todos deberíamos ir al psicólogo.
Todos, no sé.
Pero me habita la idea.
Ir al psicólogo.
Contarle a alguien que no conozco que no sé qué me pasa.
Me imagino entrando en la consulta de la Dra. Ramos y diciéndole algo así.
A veces he tenido que exagerar algún síntoma para que sacara la linterna.
Usa la del móvil para mirarme la garganta.
O no me la mira.
¿Qué pensarán mi pareja, mis padres, si pido cita?
Siempre he sido fuerte, echada para delante, como dice mi padre.
Pero ahora siento que hasta las zapatillas de correr pesan.
He llamado a mi amiga.
Le he pedido el teléfono de su psicóloga.
He mandado un mensaje.
Ya me ha respondido.
He cogido cita para la semana que viene.
Cinco días por delante.
Y sigo pensando que no sé qué me pasa, pero no estoy bien.
¿Lo sabrá ella?
No siempre llegamos a terapia sabiendo qué nos pasa.
A veces, poder decir «no sé qué me pasa, pero no estoy bien» es suficiente para empezar.
Si lo necesitas, puedes escribirme.