Sobre las batallas que he dejado de librar y el alivio de no tener siempre razón
Hay cosas que ya no discuto.
No porque no tenga razón.
Ni porque me haya vuelto más sabia.
Ni porque haya dejado de pensar.
Simplemente, hay conversaciones que ya no me interesan tanto.
Y hay batallas que desaparecieron de mi lista.
Antes me esforzaba.
Argumentaba.
Intentaba convencer.
Matizaba.
Incluso podía aportar estudios, artículos o conversaciones de ascensor.
Me parecía importante.
Incluso necesario.
Porque pensaba que entenderse era llegar a un consenso.
Y ya no lo tengo tan claro.
La mirada del otro refresca, construye, aporta, pero no decide.
No tiene que ser la misma.
Pensar distinto.
Vivir diferente.
Priorizar otras cosas.
Y eso no nos convierte en mejores ni peores.
Sólo diferentes.
Ya no discuto sobre política en una comida familiar.
Ni sobre cómo hay que educar a los hijos de otros.
Ni sobre la cantidad de proteína que alguien debería tomar.
Ni si la chía es la panacea del siglo XXI.
Ni si el triptófano te va a sacar de tu temperamento melancólico.
Ni sobre qué cantante es mejor.
Ni comparo a Bad Bunny con el Boss.
Ni sobre si la inteligencia artificial nos va a destruir.
Ni siquiera sobre Pepsi o Coca-Cola.
Sigo prefiriendo la Coca-Cola, pero ya no me incordia la Pepsi.
Prefiero los Imagine Dragons, pero me hubiera gustado bailar con Bad Bunny.
Hay veces que simplemente sonrío y sigo adelante.
Y hay veces que digo:
«Puede ser, quizá, no te sabría decir, vamos viendo.»
No por falta de argumentos.
Sino por economía.
Por optimización emocional y psíquica.
Porque no todas las batallas merecen energía.
Porque convencer es agotador.
Y porque no todo silencio es resignación, sino aceptación.
Aceptar que hay rigidez.
Aceptar que para escuchar hay que poner intención.
Aceptar que puedes vivir sin persuadir.
Que el camino más corto no siempre es una línea recta.
Hay conversaciones que ya no necesito tener.
Ni siquiera quedarme.
Y, curiosamente, desde que estoy a este lado del río, disfruto más.
Respiro mejor.
Me siento más libre.
Sigo cambiando de opinión.
Sigo dudando.
Sigo aprendiendo.
Sigo curioseando.
Pero ya hace tiempo que puedo hacer este camino sola.
Y, para mi sorpresa, también está bien.
No todas las diferencias necesitan resolverse.
Si lo necesitas, puedes escribirme.