Sobre esas señales que aparecen antes de saber qué nos pasa
No estoy nerviosa.
Estoy apretando la mandíbula.
De verdad, estoy bien.
La pierna no para de moverse debajo de la silla.
Estoy de buen humor, tengo un buen día, todo está bien hoy.
O no.
Empiezo a tener calor.
No es un sofoco, ¡menos mal!
No es la temperatura del despacho.
¿Soy yo? ¿Me pasa algo?
¿Un constipado?
No, seguro que no.
Paro.
Respiro.
Intento entender qué pasa.
Ni idea.
Sigo con mi día.
Pacientes, un capuchino rápido, más pacientes, vuelta a casa.
No duermo bien.
Otro día.
No sé qué es ni qué me ocurre, pero mi cuerpo empieza a hablarme alto.
Hay ratos que me chilla.
Ligera taquicardia, hablo muy deprisa, me da otra vez calor, dolor de cabeza.
Y ahora sí.
Ahora me siento en la cama y me vuelvo a pensar.
¿No será lo que pasó hace un mes cuando…?
Puede que sí.
O no.
El cuerpo tampoco tiene una bola de cristal.
Ahora podrían venir las teorías, la divulgación, hablar del famoso nervio vago o de la microbiota.
Pero no.
Hoy quiero quedarme un poco más en el cuerpo.
Porque mientras sigues con tu vida, el cuerpo también responde a lo que ocurre.
A veces tranquilo.
Otras, activado.
La mandíbula apretada.
La pierna moviéndose.
El corazón un poco más rápido.
El sueño que no llega.
Y tú intentando entender.
Quizá aquello que ocurrió hace un mes y que creías digerido, metabolizado y colocado no estaba tan colocado.
O quizá no tiene nada que ver.
El cuerpo no te entrega el diagnóstico.
Te da una pista.
Y una pista no es una respuesta.
Es algo a lo que merece la pena prestar atención.
A esto lo llamamos interocepción: la capacidad de percibir las señales que llegan desde dentro del cuerpo.
El latido del corazón.
La respiración.
La temperatura.
Las sensaciones del estómago.
La tensión.
Señales que nuestro sistema nervioso recibe e integra continuamente y que forman parte también de nuestra experiencia emocional.
Pero percibir una señal no significa saber inmediatamente qué nos está pasando.
Un corazón acelerado no viene con una etiqueta que diga ansiedad.
Una mandíbula apretada no explica por qué está apretada.
Y dormir mal una noche puede significar muchas cosas.
El cuerpo no habla en frases.
No dice: oye, esto es exactamente por aquello que ocurrió hace un mes.
Somos nosotros quienes intentamos comprender lo que sentimos poniendo en relación el cuerpo, lo que pensamos, lo que estamos viviendo y también nuestra historia.
A veces encontramos una explicación.
Otras tardamos.
Y algunas veces descubrimos que estábamos mirando en la dirección equivocada.
Porque a veces seguimos con nuestra vida mientras algo en nosotros continúa activado.
Pacientes.
Un capuchino rápido.
Más pacientes.
Vuelta a casa.
Hasta que un día nos sentamos en la cama y empezamos a preguntarnos:
¿Qué me está pasando?
Y quizá la respuesta no llegue inmediatamente.
Pero la pregunta ya estaba ahí.
Solo que había empezado en otro sitio.
Si lo necesitas, puedes escribirme.