Sobre la gratitud como forma de reconocer lo que tenemos sin negar lo que duele.
Hay momentos en los que hablar de gratitud resulta casi imposible.
Y, sin embargo, es una palabra a la que volvemos una y otra vez.
Cicerón la llamó «la madre de todas las virtudes». Y Comte-Sponville, «la más agradable de las virtudes y el más virtuoso de los placeres».
No está mal para algo que a veces despachamos con un gracias automático.
Porque de eso va esto. De la diferencia entre decir gracias y sentirlo de verdad.
Cuando alguien comparte su vulnerabilidad contigo, cuando se permite estar triste y lo muestra, ahí hay algo valioso.
Poder escuchar y sostener ese momento también es una forma de estar.
Una amiga, un familiar, cuando te confía su pena, te está haciendo un regalo.
No siempre cómodo. Pero sí importante.
La gratitud es uno de esos sentimientos que, cuando aparece, nos conecta con lo que tenemos.
Y, aunque sea por un momento, nos aleja de lo que nos falta.
No siempre es fácil acceder a ella.
Y no siempre es el momento.
Cuando alguien está atravesando dolor, hablar de gratitud puede resultar lejano o incluso irritante.
No se puede forzar.
Pero sí puede ir encontrando su lugar con el tiempo.
A nivel emocional puede contribuir a una mayor estabilidad.
Reduce la tendencia a compararnos con los demás.
Aumenta la sensación de satisfacción con lo que ya tenemos.
Y se ha relacionado con niveles más bajos de ansiedad y síntomas depresivos cuando se practica de forma continuada.
Hay incluso estudios que la vinculan con mejor calidad de sueño.
Dedicar unos minutos al día a escribir lo que ha sido significativo, un diario de gratitud, si quieres ponerle nombre, puede favorecer un descanso más reparador.
Pero la gratitud no elimina el malestar.
No sustituye la tristeza ni evita el dolor.
Cuando aparece, puede convivir con ellos.
Y abrir un pequeño espacio diferente.
Quizá de eso se trate: de reconocer lo recibido sin negar lo que duele.
Si lo necesitas, puedes escribirme.
Hay momentos en los que algo necesita ser pensado y acompañado.
Si lo necesitas, puedes escribirme.