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¿ESTAMOS LOCOS LOS PSICOLOGOS?

Que los psicólogos estamos locos es uno de esos mitos o realidades con el que convivimos la mayoría de nosotros con una gran sonrisa.

Antes de acudir a un psicólogo nos asaltan muchas dudas. “¿Cómo me va a ayudar?, “¿Qué sabrá de mis problemas con mis hijos si no tiene?”, “¿Y si me gasto el dinero para nada?”, “¿Qué hace el psicólogo si está triste o rabioso”?.. ¡¡Es qué están todos locos, ¿para qué voy a ir?!!” Negar la propia realidad no hace que desaparezca y es que en algunos momentos de la vida, necesitamos ayuda profesional.

Lo que a la mayoría de nosotros nos parece sorprendente y una locura es que somos el último medio, el último recurso de la sociedad. Antes se acude a las madres, amigas, cuñadas, vecinas, peluqueras, abuelos, camareros, hermanas, porteros…, con su mejor deseo pero decirle a un deprimido que se anime, con perdón, para mí, es un acto de terrorismo. Se hace de forma bien intencionada, no lo dudo, pero si nos parásemos a pensar que una persona deprimida quiere estar bien pero no puede ni sabe obviaríamos frases del tipo: “tú lo que tienes que hacer es salir más, divertirte y animarte…” y si además, la persona, aparentemente tiene todo escuchamos consejos de la suegra, permitidme el sentido del humor y la ironía, del tipo: “hija, si tienes unos hijos maravillosos, un marido que te adora, tu trabajo para mí lo quisiera, una casa súper luminosa, unos amigos que son lo mejor de lo mejor, es que no entiendo si estás así para llamar la atención o qué”. Daño gratuito e innecesario, ¿no os parece?

Pero seguimos sin acudir a la consulta de un psicólogo. Pasan los días, nos encontramos mal, no podemos con el peso de las sombras, los fantasmas nos persiguen, aparece la culpa si no estaba ya, se toca el miedo no sólo se siente, vestirse se hace cuesta arriba, la cama es nuestro refugio, nuestro lugar seguro, preferimos la oscuridad a la luz… ¿Qué hacer?

Los estímulos exteriores disfrazados de personas cargadas de razón siguen en forma de bombas decisorias sobre lo que debe hacer o no hacer la persona que sufre. Entonces decidimos ir al médico, a un curandero, a un sacerdote, a un gurú y experto en personas, a un brujo que tiene una pócima mágica nada que ver con la fluoxetina, a…, pero no al psicólogo cuando debería ser el primero a quien consultar, el primero, no el último.

Y es que amigos, los psicólogos, somos personas que hemos decidido canalizar nuestra energía hacia la búsqueda y el acompañamiento, con un saber científico que nos ayuda a ver lo que otros no ven, con la valentía de decir cosas que la otra persona no desea escuchar, reforzando sus talentos, con el sentimiento profundamente arraigado de que se puede seguir avanzando.

Hay algo que deseo compartir y que soportamos los psicólogos A DIARIO. Todo el mundo opina de Psicología sin saber nada, diciéndonos lo que está bien o lo que está mal porque todos son un poco psicólogos y todos han debido pasar por licenciaturas, grados, másteres pero del universo y de la vida que son los que más enseñan o han aprendido mucho en alguna sección de alguna revista… Vemos como nuestra profesión deja de ser ciencia para convertirse en saber popular.

Para mí, la diferencia entre los que hemos estudiado, estudiamos y estudiaremos psicología, es que los psicólogos jugamos con nuestras sombras, nos acompañan, las nombramos, convivimos con ellas, están a nuestro servicio, no las negamos ni las regañamos ni las alimentamos pero se vienen con nosotros.

Tenemos el coraje de coger una brújula, un mapa y una linterna para acompañar a la persona que acude a nosotros en su viaje. ¿Hay algo más bonito?

No somos magos ni sabemos de trucos, tampoco visionarios ni adivinos ni conocemos la fórmula o el elixir secreto de la felicidad pero SIEMPRE andamos buscando la verdad, algo que asusta, da miedo y que no todos queremos descubrir.

Los psicólogos, tenemos una profesión preciosa, maravillosa, llena de retos, de abrazos con la palabra, de calidez, empatía, confidencialidad, de no juzgar a la persona que acude a nosotros, de sentir y conectar con su angustia y su dolor para dar ese impulso que a veces falta pero por encima de todo, tenemos voluntad de ayuda, con un trabajo lleno de emociones, nuestras y de ellos, en continua retroalimentación.

Locos o no, somos personas normales. Unos fuman, otros no, unos son corruptos, otros no, unos son aburridos, otros no, unos saben lo que es el Código Deontológico, otros no y otros son personas inquietas, ávidas de conocimiento, humildes y excepcionales que aceptan al ser humano como es, imperfecto.

Tampoco somos súper hombres ni súper mujeres ni súper psicólogos ni súper psicólogas, quizá, por eso, queremos y podemos ayudarte a enfrentarte a tus demonios con nuestro maletín lleno de herramientas.

Iniciar el viaje no es fácil, incluso puede llegar a asustar pero una vez que zarpas, ya estás más cerca de tu destino.

¿A qué esperas para embarcar?

Author: Yolanda G. B.

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